domingo, 2 de agosto de 2015

Profeta en su tierra

Alejandro Sanz hace vibrar a unas 10.000 almas en su vuelta a casa tras 19 años. Pepe de Lucía, Pablo López, José Carlos Gómez y su prima Mónika Bellido le acompañan.


  Alejandro Sanz sí es profeta en su tierra. En esa en la que pasó, sobre todo, tardes de verano interminables a la orilla de la playa de El Rinconcillo, la que vio nacer a su padre y la que ayer se volcó para darle la bienvenida tras 19 años de ausencia. Su última cita en el coso de Las Palomas fue también un 1 de agosto, pero de 1996.

La plaza de toros vivió un lleno absoluto con diez mil almas. En esa misma plaza Alejandro Sanz vio su primer concierto, uno de Joan Manuel Serrat. Por entonces soñaba que una noche iba a estar en ese escenario, y con la de ayer ya van dos sueños cumplidos.

Fue un concierto brillante el que se vivió ayer en Algeciras, ávida de citas de envergadura como ésta. Si Alejandro Sanz tocara esta noche volverá a colgar el cartel de 'no hay billetes'. Sin duda. Porque es profeta e ídolo en su tierra, esa que según dijo durante el concierto le da un calorcito especial que se lleva allá donde va. Y con el calor de varios especiales contó ayer, como el de su amigo de la infancia, José Carlos Gómez; Pepe de Lucía, hermano de su gran amigo Paco; y con su prima, Mónika Bellido. Con ellos cantó el Adivínalo de Flores el Gaditano que su padre, Jesuli Sánchez, cantaba cuando formaba parte del Trío Juventud junto a Ana María Spínola y Beatriz Calderón. También sorprendió a los asistentes con un dúo con el también cantante y compositor Pablo López, con el que interpretó A que no me dejas.

La cita con su público comenzó puntualísima. A las diez en punto se apagaron las luces que iluminaban el tendido y comenzó la cuenta atrás. Entonces aparecieron los músicos y poco después él, el aclamado Hijo Adoptivo de Algeciras y desde ayer, también embajador de la ciudad. Todo un lujo. El músico comenzó desgranando las canciones de su último trabajo, Sirope, todo un alarde de composición y un espectáculo musical. Los miembros de la banda, excepcional, se alternaban tocando distintos tipos de instrumentos e incluso cantando, a coro y en algunos momentos incluso en solitario.

Entre canción y canción en este primer tramo del concierto Alejandro Sanz interactuaba con el público. Saludó a los asistentes tras el primer tema y poco después confesó que estaba muy nervioso cuando comenzó su actuación. "Es una alegría poder volver aquí. Presiento que va a ser una noche especial", lanzó a una multitud que el cantante ya tenía en el bolsillo, no eran palabras gratuitas.

No tardaron en aparecer los éxitos de siempre del compositor. Con Desde cuando levantó a los que aún no se saben las canciones del nuevo disco y el público comenzó a entregarse más.

Tras el éxito La música no se toca, con la que danzó toda la plaza, llegó uno de los momentos álgidos de la noche al hilvanar tres de sus mayores éxitos: Amiga mía, Mi soledad y ¿Y si fuera ella?

No daba tregua Alejandro Sanz, que tras recordar ante el público su infancia en El Rinconcillo dio entrada a su amigo de la infancia, José Carlos Gómez, que tocó la guitarra en otro de los clásicos, Corazón partío.

Pasaron una hora y tres cuartos sin que Alejandro parse sobre el escenario y hasta las 23:45 no se tomó un respiro. Todo un derroche de arte y de tablas, que de esas tiene y bastantes.

Volvió del receso y en solitario y al piano tocó ¿Lo ves? Uno de los momentos más íntimos de una noche, que sí, que estaba siendo especial, y mucho. Y más especial que se tornó cuando aparecieron sus paisanos para cantar el Adivínalo, ese regalo que le hizo a su tierra en el pregón de la Feria de 2014 que ofició Juan Carlos Chaves.

La despedida fue muy emotiva. "Me llevo esto para el resto de la gira y de mi vida". También lo harán las diez mil almas que vivieron una noche única y muy especial.




Alejandro Sanz endulza con 'Sirope' la noche de Córdoba en los Califas


        El cantante triunfa en el coso taurino en el arranque de su nuevo 'tour' de conciertos
        El artista, que inicia gira por tercera vez en Córdoba, realizó guiños continuos a la ciudad


  • Llegó, cantó y triunfó. No hizo falta demasiado para conquistar a un público entregado desde mucho antes de que comenzara la cuenta atrás, los 40 segundos más largos para unas fans llegadas desde todos los puntos de Andalucía que aguardaban expectantes el inicio de la gira de conciertos que llevará a Alejandro Sanz a recorrer hasta 25 provincias españolas tras la publicación de su último disco 'Sirope', décimo en su carrera discográfica.
    Con puntualidad británica y vestido de negro de los pies a la cabeza, el cantante apareció en el escenario montado sobre el albero del coso de los Califas, una plaza de primera que la noche del jueves supo agradecer a Alejandro Sanz que haya elegido Córdoba para iniciar gira en varias ocasiones. Lo recordaba nada más comenzar el propio artista tras deleitar al público con su primera canción El silencio de los cuervos: "Es la tercera vez que empiezo gira en Córdoba. No creo en las casualidades", sostenía ante un público entregado que se desgañitó coreando su nombre durante las algo más de dos horas que duró el concierto.
    Sanz recordaba nada más arrancar que se trataba del primer concierto de la gira 'Sirope', por lo que pidió, entre risas, que "si había algún fallito no lo contéis por ahí". Si lo hubo, no se notó. Hasta el mercurio se volvió cómplice de un cantante que tiene grandes amistades en el mundo de la música en la ciudad califal. Lo demostró subiendo al escenario al guitarrista cordobés José Antonio Rodríguez, quien aportó su particular toque al Corazón partío de Alejandro Sanz. Ni siquiera la luna se quiso perder los nuevos temas de la discografía del artista internacional y se incorporó en su plenitud al decorado del espectáculo como un elemento más.
    Sanz abrió el concierto con temas de su nuevo disco. Tras A mí no me importa cantó No madura el coco, aunque la apoteosis comenzó con canciones tan conocidas de anteriores discos como Y si fuera ella, Amiga mía o Mi soledad y yo. No era noche de abanicos sino de teléfonos móviles: no había detalle que perder. No solo había que grabar para la posteridad que Alejandro Sanz cantó en Córdoba los temas de 'Sirope' sino también el espectacular juego de luces y vídeos que acompañaban a cada una de las canciones.
    La ligera brisa que corría en el coso taurino permitió que el único calor que se desprendía fuera el del público hacia un artista que se lo ha sabido meter en el bolsillo. "Me han dicho que en Córdoba hacía mucho calor. Córdoba, Córdoba está guapa", gritaba levantando los aplausos de los tendidos y el ruedo.
    Alejandro Sanz no es hombre de discursos aprendidos. Lo dijo, pero se notaba. Cada ocurrencia suya entre parada y parada, conseguía arrancar los aplausos de la gente. "Estoy muy a gustito. Siempre nos habéis dado mucha suerte en la gira. Por eso, Córdoba nos acompaña siempre cuando viajamos", manifestaba ante una plaza de toros a reventar para terminar mostrando su cariño hacia esta tierra: "Córdooobaaaa, te quiero".
    Y vino el primer amago, no sin antes cantar Un zombie a la intemperie, aunque reservó el tema casi para el final. Alejandro Sanz se despedía de su público agradeciendo a los técnicos que hubieran hecho posible el éxito del primer concierto de esta nueva gira y tras presentar a todos los miembros de su banda.
    El cantante se iba, pero volvía. Lo hacía sentado en el piano, ante un silencio sepulcral. Era el turno de ¿Lo ves? Él solo, en un oscuro escenario en el que se colaba un tímido rayo de luz, que lo iluminaba, y cientos de luces encendidas en el coso. Ahora sí, tras poco más de dos horas, llegaba la hora de decir adiós. Alejandro Sanz se despedía de Córdoba Pisando fuerte y haciendo una advertencia al respetable: "Sino siropeas, no veraneas"